Era la 3era joya de la corona del boxeo cubano, pero, un knockdown en el último round, decidió a favor de Jarret Hurd la pelea estelar del Hard Rock Hotel and Casino de Las Vegas contra el cubano Erislandi Lara; hasta anoche campeón mundial OMB y AMB, división superwelter o 154 libras. La pelea fue unificatoria, porque el ganador subió como monarca de la FIB.

Durante todo el pleito, Lara debió enfrentar el ataque incesante de Hurd, que falló mucho, que lo buscó, lo invitó y lo convenció a que cambiara palo por palo, con el resultado de que el zurdo cubano perdió veocidad en los dos últimos rounds y la presión del ahora campeón unificado, hizo ciertos estragos en la anatomía del antillano.

A tenor con el resultado, Lara (25-3-2, 14 KO’s), que hizo una pelea en la que sacrificó la defensa por el intercambio, acaso para callar voces que gritan que es un correlón, no debió dejarse arrastrar a esa acción desde el 10mo, que lo ganó 10-9.

Peleador de mayor estatura y corpulencia que el hasta anoche campeón del peso, logró abrir la brecha por imposición de su tamaño, que afectó el desplazamiento de Lara y se quedó mansamente sin guardia al momento en que Hurd (22-0, 15 KO’s) le conectó gancho de zurda a la quijada que lo tiró con el knockdown que le salvó la decisión al americano.

El cubano peleó los últimos dos rounds con una aparatosa herida en la ceja derecha y una inflamación que le molestaron, indudablemente, la visión para organizar en buen modo su guardia zurda.

La votación, muy cerrada, presentó a dos magistrados 114-113 por Hurd y el 3ero con la misma puntuación por el perdedor.

Una buena pelea, no considerable, bajo ningún concepto, en plano de exhibición técnica ni de capacidad de virtuosismo por ninguno de los dos.

Otra vez el cubano cae en pelea apretada, para este tipo de decisión, tiene mala suerte.