Por Jorge Caporal

El 10 de abril sabremos si la Comisión Atlética de Nevada permite a Canelo pelear con Golovkin en mayo

La Comisión Atlética de Nevada emitirá el próximo 18 de abril su veredicto sobre si Saúl Álvarez puede boxear o no el 5 de mayo. La propia incertidumbre previa hace peligrar la celebración de un evento de este calibre y extiende una pesada sombra oscura sobre la promoción. Imposible realizar una comunicación positiva acerca del combate cuando flota la espada de Damocles del clembuterol.

Según algunos contrastados expertos, como Dan Rafael, el campeón mexicano recibirá una sanción de un mínimo de 6 meses a contar desde el día en que se realizó la prueba maldita. Esa fecha se remonta a mediados de febrero, lo que proyecta la reaparición de Canelo a agosto. Para estos expertos no se producirá el anunciado Canelo vs GGG de mayo. Pero el perjuicio para la carrera de Álvarez puede ser permanente. La sospecha de dopaje voluntario es un lastre perpetuo e intangible que deforma cualquier trayectoria.

Santos Saúl Álvarez Barragán debutó como profesional en el peso superligero. Pero había cumplido 15 años pocos meses antes de ese bautizo en el pugilismo de pago allá por 2005. Disputó sus primeros títulos en el peso wélter, semanas antes de la mayoría de edad. En 2009 se proclamó World Youth Champion WBC de la división. En 2010 subió al superwélter donde conquistó el WBC Silver ante Luciano Cuello, que defendió en dos ocasiones antes de que se presentara la opción del mundial WBC superwélter en 2011. En ese peso se mantiene hasta casi 2016. Canelo cuenta 25 años y mide 175 centímetros. Cualquiera podría afirmar que se trata de un buen superwélter natural.

Pero aparece el problema de los pesos. Los pesos en divisas, no los pesos en divisiones. Hablamos de multiplicaciones en lugar de divisiones. Tras el supercombate frente a Floyd Mayweather en las 154 libras, las peleas con mucho dinero se adivinan en el peso medio. Canelo sube a las 160 libras. Un trabajo físico extraordinario que muscula su espalda, sus brazos, su cuello y su mandíbula hasta el nivel de alguno de los protagonistas de Los Vengadores. Recordaba mucho al Evander Hollyfield que asoló la división máxima tras gobernar el peso crucero.

Tras esa evolución surge en febrero de 2018 un positivo por clembuterol. Puede ser involuntario. Es más, debe serlo si no surgen pruebas claras e incontrastables de un suministro voluntario. Pero la duda, la sospecha, no levantará el vuelo de ninguna de las maneras.