Por Jorge Caporal

La pregunta flotaba en el Estadio del Milenio de Cardiff la noche del 31 de marzo ¿Qué hubiera sucedido si el lugar de Joseph Parker frente a Anthony Joshua lo hubiera ocupado un Alexander Povetkin que acababa de mandar a David Price al limbo?. Y nadie se atrevía a responder.

El ídolo británico acababa de soltar un discurso pletórico en el centro del ring sujetando todos los cinturones menos el verde. Hubo algo en la salida de Joshua al ring y en su alocución tras el veredicto que evidenciaba un endiosamiento pasado de frenada. Y más aún para el exceso de freno que se vivió de campana a campana.

La expectación generada por el Joshua contra Parker era la lógica para un choque de campeones invictos de los pesos completos con un altísimo porcentaje de KO. El 100% en el caso del británico. Las precauciones que ambos mostraron entre las cuerdas durante los primeros rounds eran las previsibles: nadie quiere exponerse a un mazazo que fulmine las esperanzas.

La situación podía resumirse así: Joshua con la guardia bien montaba dueño del centro del ring y lanzando la izquierda recta cada 30 segundos. Parker girando en torno al británica con la derecha engatillada y tirando la izquierda recta cada 10 segundos, pero siempre fuera de distancia. Lo asombroso es que también quedaba casi siempre en el éter la zurda de Joshua.

Ambos muy precavidos. Un poco más cauteloso Parker. Sin, embargo quien trataba de vez en cuando acortar la distancia era el inglés, a quien el neocelandés fintaba metiendo la cabeza bajo la axila izquierda de su oponente. El local hubiera ganado por KO de no haberse duchado. Y así se desgranaban los minutos. Parker se desbocaba un par de veces en cada round convirtiéndose en oleada frontal. Sin resultados.

Quien corrió el riesgo de ser noqueado fue el árbitro. Giuseppe Quartarone tendió a inmiscuirse y a robar plano a la verdadera pareja de baile. Si por él fuera hubiera subido al ring con unas antenas de colores.

Nada cambió en los doce asaltos. Podría definirse como un combate táctico. Pero lo cierto es que resultó mal combate. Parker, contento porque terminó en pie y con el prestigio casi intacto. Joshua, porque necesitó un monovolumen para transportar los cinturones a casa y sigue invicto.

Pero este plan no le valdrá al británico para vencer a Wilder. En la distancia del recto de izquierda el norteamericano tiene un bazooka en la zurda en un misil en la derecha. Wilder no posee el libro de la ortodoxia que Joshua se sabe desde el prefacio hasta el epílogo. Pero es un portento físico, le pesan las manos y no se le puede boxear tirando una izquierda en la lejanía, porque la devuelve y llega.

El Joshua que se impuso cómodamente a los puntos a Parker no se llevaría el combate ante Wilder con el plan que expuso en el Estadio del Milenio. Y quizá tampoco ante un Povetkin mucho más bregado, agresivo y preciso que Parker.