El gran Lennox Lewis fue, al final del siglo XX, el último boxeador que detentó todos los cinturones de campeón mundial del peso pesado. Es decir, el último campeón unificado de una máxima categoría que ha vivido más de una década buscando un rey con carisma. Como Lewis,también es británico Anthony Joshua, el hombre que hoy detenta cuatro de los cinco cinturones (OMB, AMB, FIB e IBO), después de arrebatar el sábado el reinado de la OMB al neozelandés Joseph Parkeren Cardiff. Joshua es la nueva estrella, el salvador de la categoría y el púgil del peso pesado con más talento y potencial de los últimos años, aunque ante Parker no fuera capaz por primera vez de llevar la pelea al KO.

A Joshua solo le falta algo para ser el rey total de los pesos pesados, y ese ‘algo’, un cinturón con las iniciales CMB, del Consejo Mundial de Boxeo, lo tiene el estadounidense Deontay Wilder, 32 años y, como Joshua, invicto como profesional, con 40 victorias, todas antes del límite. Así que la ecuación es fácil: una pelea Joshua-Wilder sería el mayor acontecimiento en el peso pesado desde los tiempos de Holyfield y Tyson, pero no está tan claro que vaya a producirse este mismo año, como le gustaría a Joshua.

“Esa pelea va a ser complicada. Ha de ser este año, o de lo contrario quizá no haya otra oportunidad”, avanzó el promotor de Joshua, Eddie Hearn, tras la última victoria de su protegido. En primer lugar, por una dificultad ‘funcionarial’, las defensas obligatorias que Joshua debería realizar ante los challengers oficiales de las respectivas organizaciones de las que es campeón. Por ejemplo, debería defender su corona AMB ante el ruso Alexandre Povetkin, aunque el presidente de la Asociación, el venezolano Gilberto Mendoza, insinuó que podrían esperar a después de una pelea por la unificación total con Wilder.

Pero el principal obstáculo parece ser el propio Wilder y su entorno. “Si se lo toman en serio, estamos dispuestos a ofrecerles ya el contrato y fijar la fecha”, dice Hearn, “pero son erráticos e imprevisibles. No sé qué pensar”. El promotor del campeón de cuatro organizaciones se refiere a las ‘largas’ que le están dando desde la ‘esquina’ del campeón CMB: “No nos cogen el teléfono”, ha denunciado más de una vez.

Y cuando lo han hecho, han pedido demasiado dinero. Los apoderados de Wilder habrían solicitado un dineral, o al menos la mitad de la bolsa, repartiendo el caché al 50 por ciento con Joshua, y eso es inaceptable para los managers del británico, que entienden que Joshua es la estrella número 1 y quien más arriesga en ese hipotético combate por la unificación del peso pesado. Joshua, en ‘L’Equipe’, aseguró que “Wilder debe ser realista. Si se lo toma en serio negociaremos, pero si solo está jugando, que deje de hablar de mí”.

Joshua se refiere a que el púgil norteamericano, cara a los micrófonos, no deja de asegurar que quiere pelear, pero sus apoderados no mueven un dedo para facilitar las cosas. Deontay lo niega: “Por supuesto que quiero pelear con Joshua, no importa lo que él o sus managers digan. Vamos a pelear y que dejen de poner excusas”, anunció en un video colgado en las redes sociales.

Todo parece un juego de faroles en el que el reparto de dinero es la clave, aunque Wilder tiene difícil parecer el ‘pez gordo’ de la historia: solo expondría un cinturón, su lista de adversarios hasta ahora es de mucha menor entidad que la de Joshua, y se ha acostumbrado a pelear en sedes de escasa capacidad, en claro contraste con los enormes aforos que ha llenado el británico en Wembley y Cardiff, sus últimos combates. Tampoco ayudan las salidas de tono de Wilder, a quien el CMB ha abierto una investigación por declarar en una entrevista radiofónica que desea “añadir una muerte a mi palmarés”.