Ni arriba ni abajo entiendo qué significa “no querer conquistar a América”, según la respuesta que dio Joshua a la pregunta de si lo deseaba.

Imagino a un conquistador de América como al gladiador que vence y convence en las catedrales del boxeo profesional: los hoteles de Las Vegas, el rescatado Madison Square Garden; incluso Brooklin, plaza de interés en la que ha tenido mucho que ver la actividad del Mago Haymon, que, nadie lo dude, ha logrado medio salvar al pugilismo de la forma como maneja la actividad.

Haymon ha revivido por imposición el circuito del cable básico ampliado, le ha hecho accesible la cartelera premium de campeonato o eliminatoria al pobre obrero, que no le alcanza para pagar a precio de Robinson-Basilio las mediocridades que pupulan por los pasillos de Fistiana por PPV.

Hace poco rato, el británico Anthony Joshua (21-0, 20 KO’s) unificó en Gales las fajas mastodónticas contra el neozelandés Joseph Parker (24-1, 18 KO’s); el paisano de Randy Turpin ganó ampliamente la pelea por decisión judicial (2 jueces votaron 118-110 y el 3ero 119-109), combate que mantuvo como única expectativa, durante los 12 rounds, el momento en que Joshua noqueara al perdedor, olvidando que no siempre se puede anestesiar, y que alguna posibilidad, aunque sea para sobrevivir la guerra de pie, se le debe ofrecer a cualquier oponente.

Otra vez se hizo meridiana la forma como John Louis Sullivan favorecía: el que gané un round más, contra la poca mesura de algunos seudo-cronistas que, por lo menos para esta pelea, pronosticaron nocao del ganador y hasta los rounds comprendidos en que lo haría, (Ebro, del Jeralducho miamense en español)

¿Análisis técnico-táctico-estratégico del pleito? No vale la pena, Joshua era favorito 7-1, sin embargo no pudo noquear y Parker le dio pelea, fue goloso a la riposta, buscó cosas sin cuidado ni prudencia y no las encontró.

 Una de dos, Parker asimila como Marciano o el campeón no tiene nocao punch; por lo menos no el que le gusta al fanático, que pone en vilo a la concurrencia: un palo y pa’l suelo, si acaso otro mandarriazo; no, Anthony Joshua no tiene esa derecha homicida, pero por 6’6 de estatura y un jab largo y duro, fue un valladar infranqueable para el de Nueva Zelanda, que no podía hacer más que concluir de pie y arrancar elogios por ciertos momentos de brillo, como en el 11no, cuando le dio un gancho a Joshua por el costado izquierdo que casi desarma al inglés, aunque sin el poder suficiente y con la campana piadosa como intervención a tiempo; entonces no se pudo comprobar cómo hubiera reaccionado el monarca al garete ante un rally medio efectivo medio desorganizado de Parker.

Se ha comprobado que la estatura y el alcance son ventajas en el boxeo, sin embargo, algunos hombres que gozan de esta bendición natural, también, raro o sospechosamente, cuando encuentran a alguien de menor tamaño que asimile golpes se frustran, aguantan el ritmo y pasan de monarca de gran cartel capaces de matar a golpes a un oponente, a boxeadores de excesiva prudencia, confundidos ante opositores a los que no podrán noquear aunque los dominen en puntuación.

Ha sucedido, cuando un peleador de mayor estatura y buena pegada conecta y no lastima, puede afectarse tanto que deje de tirar y sea castigado, perdiendo con poco decoro o recibiendo decisiones arregladas a favor en el rango de oprobiosas faltas de respeto.

De cualquier forma, Wilder, peleador alto de alcance notable, que no acaba de organizar su boxeo, está en el nivel del peleador que Anthony Joshua puede conectar, precisamente por la estatura, lo que sucede es que el apaciguador de Ortiz tiene dos manos también.

Para cerrar, no acabo de entender qué significa querer la oposición suprema de la división completa y no desear “conquistar a America”, por mucho que me empeño no entiendo…

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