“Me gusta este sitio, aquí huele a boxeo”. Lo dice Carl Frampton mientras se venda para iniciar una sesión de sparring con Tommy Coyle en el cuadrilátero de la Escuela de Boxeo de Arona que dirige Manuel Povedano. El Chacal está encantado en Tenerife, el sitio donde prepara su próximo desafío, vencer en Belfast al filipino Nonito Donaire.

Frampton y su equipo han instalado su cuartel general en la Isla para preparar un pleito clave en su trayectoria deportiva. Hace poco más de un año perdía por decisión dividida su título de campeón del mundo WBA ante el mexicano Leo Santa Cruz, al que había ganado por la misma vía el de julio de 2016. El irlandés ha iniciado el camino de la reconquista y bien aconsejado por su nuevo mentor, Jamie Moore, ha escogido Tenerife para realizar un campamento de trabajo de dos semanas.

Las jornadas le dan para mucho. Por la mañana el equipo de Frampton sube hasta El Teide para realizar el trabajo físico en altura. “Es un lugar maravilloso que ya conocía de años atrás”, desvelaba Jamie Moore, un ex campeón de Europa que realizó algunas de las preparaciones de sus 37 combates como profesional en las instalaciones del club de su amigo Manuel Povedano.

Una vez finalizadas las sesiones en el pico más alto del territorio nacional es hora de trabajar durante otras dos horas más ya dentro del gimnasio. Allí, con algo más de expectación de lo habitual, pero con absoluta naturalidad, Frampton y el resto de miembros de la expedición hacen guantes. El de Belfast trabaja con Tommy Coyle durante ocho asaltos demostrando todo el talento y la versatilidad de su boxeo. Le da igual fajarse en la corta distancia que trabajar a la contra, tiene clase suficiente para desarbolar a pegadores como Kiko Martínez o para anular tácticamente a gente con más alcance como el mismo Leo Santa Cruz.

Frampton conoce las buenas cualidades del boxeo canario. En su primera pelea con el Terremoto mexicano tuvo como sparring al grancanario Jerobe Chocolatito Santana, un hombre muy parecido en cuanto a altura y habilidades técnicas. Su apuesta le dio buen resultado con un triunfo importante sobre el azteca.

En el trabajo es metódico, fuera de él es respetuoso, humilde, correcto y cercano. Dentro de la Escuela de Boxeo de Arona se muestra como uno más de sus usuarios al igual que antes lo hicieran otros campeones mundiales como Sergio Maravilla Martínez, Ricky Hatton, Grigory Drozd y, ya más recientemente, el indiscutible monarca del peso pesado, Anthony Joshua, el campeón olímpico Luke Campbell o los hermanos Walsh, que ya son parte de la familia de Manuel Povedano y Yadiana Labrada. Todos pasaron por el gimnasio de Manuel durante algún campamento de trabajo bendecido por la calidad del buen tiempo reinante en Las Américas durante gran parte del año y por el excelente rendimiento que ofrece El Teide para el ejercicio en altura.

La fecha del próximo compromiso de Frampton está cada vez más cercana y sus mentores lo ven “fino”, en buen estado de forma y cada vez más ajustado al peso que deberá dar previamente a la pelea con Nonito Donaire. Los 55,338 kilos no son una obsesión para el irlandés que está fresco física y mentalmente como cuando le arrebató el título europeo antes del límite al ilicitano Kiko Martínez, al que luego también despojaría de su cinturón mundial de la división.

“Kiko ha sido un gran rival, un boxeador muy fuerte, muy duro, fueron grandes batallas”, recordaba Frampton, cuyo siguiente reto también tiene metralla en las manos. El filipino Nonito Donaire será su compañero de baile el 21 de abril en Belfast, allí donde el Chacal llena estadios que enloquecen con su boxeo. Donaire, acumula 24 triunfos por la vía rápida de los 38 que luce en su palmarés, pero no da miedo.

En Tenerife, Frampton es feliz. Una vez finalizada la segunda sesión del día disfruta de la playa, de la piscina de su hotel, de la buena gastronomía, de algún rato más de ocio y del entrenamiento invisible, ese que da el buen descanso y los cuidados físicos para evitar lesiones y contratiempos. El de Belfast promete volver a buscar refugio bajo la sombra del Teide, donde se ha sentido “mejor que en casa”.