“Apagarse la luz”. Ese es el eufemismo con el que se esconde en el boxeo alguna acción que acaba con la carrera de un boxeador. Ese hecho a veces se produce de manera fortuíta y otras son consecuencia de algún error del pasado. En el segundo punto se encuentra Kell Brook (36-2, 25 KO), quien cree que su tiempo no ha pasado y su luz todavía brilla. El británico vuelve a pelear tras 280 días y la incógnita sobre su futuro planea sobre el ring. Llega en una situación compleja que el prefiere definir como un redebut, al menos en cuando a sus sensaciones. “Tengo las mismas mariposas en el estómago que cuando debuté“, reconoce.

Brook no dudó, en septiembre de 2016, cuando le ofrecieron pelear con Gennady Golovkin en el peso medio. Debía subir dos categorías ante un tremendo pegador. Ponía mucho en juego, arriesgó… y perdió. Los bombazos del kazajo le produjeron una lesión en el pómulo. Lo entendió como un lance de su osadía y se preparó para regresar. Lo hizo en mayo de 2017, ponía en liza su título del peso welter, pero no buscó algo fácil. Se cruzó con Errol Spence… y volvió a ser noqueado. En esta ocasión él hincó la rodilla, su rival le había dañado en el ojo y los riesgos eran altos. Lesión muy similar en el otro pómulo. Mala pinta.

Con esos antecedentes la duda era clara sobre sí podría regresar. “Ha demostrado en sparrings muy potentes que está al 100%, es un guerrero“, aseveró en la previa su promotor, Eddie Hearn. Él también lo cree, por ello volverá al ensogado. De nuevo con riesgo. Se medirá a Siarhei Rabchanka (29-2, 22 KO), a quién no debería de tener demasiados problemas para ganar… pero el bielorruso tiene mano para hacer daño. La fragilidad mostrada en sus dos últimos combates es el miedo de sus aficionados, pero Brook sólo piensa en ganar. Su buena movilidad y contragolpe son su mejor aliado y sabe que contra un púgil que va al frente lucirá más. Quiere despejar todas las dudas de un plumazo, pero el riesgo es alto y el runrún continuo, tercera pelea consecutiva en la que cambia de peso (el sábado, superwelter). ‘Special K’ se resiste a apagar su luz.