Srisaket Sor Rugvisai y Juan Francisco Estrada protagonizaron una digna y espectacular pelea estelar del Superfly 2, confirmando que el gran momento de las divisiones pequeñas llegó para quedarse.

El tailandés se llevó la victoria en las tarjetas y conservó su título CMB. Estrada cumplió una brillante actuación y mereció mejor suerte. La batalla terminó con polémica, no todos vieron ganar al campeón. La polémica será tema de debate en los próximos días y seguramente hay en el camino una revancha directa para calmar la controversia.

El resultado debió ser otro, por más que a Estrada le faltó ese “algo más” que requería un desafío del tamaño que tenía en el ring del Forum de Inglewood. El mexicano tuvo una actuación a la que le anotamos muy pocas fisuras, el plan que necesitaba lo cumplió a las mil maravillas y mereció ganar.

Rungvisai no fue el que se presumíamos todos. Esperábamos la misma versión del campeón que avasalló a “Chocolatito” González en su pelea anterior. Esperábamos verlo tomar riesgos temprano para establecer su golpeo en la corta distancia y lo esperábamos lastimando con sus golpes de poder. Los golpes estuvieron, pero no el riesgo.

El trabajo de Estrada fue el responsable de ese cambio. Hubo muchos méritos del mexicano que los jueces no valoraron. Quizás allí estuvo el detalle, al que necesariamente debemos encontrarle una explicación.

¿Qué pelea vimos y qué pelea quizá vieron?
La obligación táctica de Juan Francisco Estrada en este combate no era un misterio, estaba en la tapa del manual. Moverse de manera permanente hacia la izquierda del tailandés, mantenerse alejado siempre de su recta o gancho de izquierda, utilizar el jab para establecer la distancia y también transformarlo en recta o gancho largo y sorprender entrando con su derecha por el centro.

“El Gallo” lo cumplió con disciplina militar desde el primer asalto. Estableció la distancia y no le permitió al campeón trabajar ni en su zona de confort ni tampoco complicar con su guardia cruzada. Por el contrario, la segura distancia desde la cual estaba trabajando el mexicano provocaba el error de manera permanente del campeón, que necesariamente debía dar un segundo paso en el vacío para llegar a la distancia donde quedaba expuesto y por allí siempre lo tomaba Estrada.

Así ganó los primeros tres asaltos, así cambió el libreto previo de la pelea y así obligó a Sor Rungvisai a cambiar su estrategia hacia un boxeo que no domina, un boxeo que se lo impusieron las circunstancias. Tras esos tres primeros asaltos era difícil imaginar una derrota de Estrada. Pero hubo un momento crucial entre el cuarto y el sexto asalto, una trampa que le tendió el tailandés y su esquina en la cual cayó el Gallo y cayó su esquina.

Estrada tenía un plan, esperar moverse hacia la izquierda y trabajar con el jab. Cuando Rungvisai evitó entrar y empezó a esperar, a Estrada le llegó la guapeza mexicana a impulsos de la fanaticada y olvido el plan, olvidó el jab y olvidó la salida hacia la izquierda. Entró en el juego del tailandés, abandonó su zona de confort y se le complicó la pelea.

Le vi perder de manera consecutiva el cuarto, el quinto, el sexto y el séptimo asalto. Es verdad que fueron episodios cerrados, pero ya sabemos que en ese tipo de rounds parejos es usual que la tarjeta se incline hacia el monarca.

El mexicano se recuperó en el octavo episodio, volvió a su libreto, tuvo paciencia para esperar y tuvo inteligencia defensiva cada vez que iba a buscarlo. Siempre con el jab por delante o castigando con el gancho a las costillas, pero sin exponerse al contragolpe. El noveno episodio fue parejo, pero cerró mejor Rungvisai.

Los asaltos de campeonato, fueron todos para Juan Francisco Estrada. Puso coraje, los mejores golpes, soportó y devolvió todo lo que le mandó el tailandés, lo tuvo a mal traer y hasta casi lo noquea en el último episodio.

Esa pelea fue la que vimos, pero no fue la que vieron los jueces, Cathy Leonard 113-115, Dave Moretti 114-114 y Steve Morrow 111-117. La de Morrow exime cualquier comentario o crítica, simplemente vio otra pelea.

Es muy cierto que cada juez va anotando asalto por asalto, tiene pocos segundos para entregar su puntuación, carece de recursos digitales que le ayuden a evaluar y a veces tampoco tiene una buena visibilidad de las acciones. Sin embargo, en este combate, el desempeño de los tres actores (boxeadores y referí) facilitaron la posibilidad de evaluar el combate correctamente.

El juez Jack Reiss tuvo una gran faena, estuvo atento a marcar las caídas de forma correcta y no hubo que lamentar una caída que no fue. Fue también muy práctico en el manejo de la pelea, intervino lo justo y supo mantener a raya el boxeo que habitualmente es sucio y enredado del tailandés. Basto un par de advertencias y evitó complicaciones. Por el lado arbitral fue una pelea limpia.

También fue una pelea limpia desde lo boxístico, los estilos de los dos rivales les facilitaron el trabajo a los jueces. No olvidarnos que todos esperábamos un concierto de cabezazos y abrazos, algo que no ocurrió. Por el contrario, todos los golpes fueron claros, los acertados y los errados. Fue sencillo ver el buen trabajo defensivo de Estrada, fue fácil observar que impuso su actitud y su plan de pelea. Eso merece ser considerado.

Fue fácil ver los errores en el manejo de piernas del tailandés, fue fácil constatar lo mal que quedaba cada vez que erraba y rompió los ojos el hecho de que no pudo hacer valer su mayor virtud, la pegada, el poder en las manos. Nunca puso mal al mexicano, por el contrario, Estrada, el de menor pegada, fue quien lo tuvo a punto de noquear en dos oportunidades. Fue fácil comprender quien era el atribulado y confundido en el ring y quien era que manejaba los tiempos de la pelea.

Los jueces se equivocaron, aún el que la vio empate. Es posible que padecieran “el síndrome del campeón”, ese que obliga a ver al que tiene el cinturón de una manera diferente. No lo sabemos, pero si tenemos certeza de que hubo un despojo y alguien deberá repararlo. Como ya lo hicieran con Román González en la primera pelea con el tailandés. Curiosamente, la historia se repite. No debería ser así.

No es posible por esa razón, imaginar lo que viene para ambos. No creo que exista otro futuro que una revancha en el tiempo por llegar. Tanto el tailandés como el mexicano hablaron sobre la misma en tono similar. Sin que se lo preguntaran, Sor Rungvisai dijo estar dispuesto a darle la revancha y un amargado y molesto Juan Francisco Estrada, tras reclamar por el resultado, también reclamó la revancha.

Seguramente la misma ocurrirá este año, porque más allá del despojo arbitral, los dos nos brindaron emoción y un final apasionante.

¡¿Quién lo diría?! Los pesos pequeños marcando la pauta y mostrando a todo el mundo qué tipo de boxeo es el que necesita ver el fanático.