Arrebatar un cinturón mundial, misión casi imposible

Por Jorge Caporal

El momento de conquistar un cetro mundial, en el boxeo profesional, es cuando queda vacante. Ese momento en el que cuando quien lo posee, lo deja. Por razón de retiro, cambio de división, doping, lesión prolongada o lo que sea que se tercie.

Arrebatárselo en un combate a quien lo posee resulta casi imposible. Sea porque el rey o reina evita determinado cruce, porque los manejadores maniobran hacia pleitos favorables, porque los organismos necesitan héroes o heroínas de la mayor trascendencia popular posible, lo que implica tiempo en la gloria.

Ocho campeonatos mundiales en 24 horas

Este fin de semana, el del 13 al 15 de octubre, fue buena muestra de ello. Hasta ocho campeones mundiales retuvieron sus coronas. En el cuadro masculino, excepto Jarret Hurd, que hubo de emplearse a fondo ante el experimentado y gran boxeador zurdo Austin Trout, quien ganó la mayoría de los asalto hasta que llegó la parada médica en el round 10, el resto no atravesaron valle de lágrimas alguno. George Groves dobló a Cox con una terrible derecha al cuerpo en el cuarto episodio.

Leo Santa Cruz hizo todo lo posible para meter picante a su defensa ante el bravo Chris Avalos: se enzarzó en la media y corta distancia cuando los manos rectas y el uno-dos le hubieran bastado y, no conforme con esto, se expuso a los golpes curvos de Avalos; a pesar de todo, el árbitro decretó KOT en el octavo round tras un par de combinaciones del “Terremoto” que no encontraron defensa ni posición. Abner Mares se lució en cada uno de los diez episodios de su encuentro con Andrés Gutiérrez, a quien el médico libró de recibir más castigo; Gutiérrez se mostró buen boxeador, bien preparado, ofensivo, con técnica, encajador y orgulloso, pero Mares fue mucho más ràpido, más explosivo e imaginativo, tanto que se llevó todos los rounds.

Ninguna sorpresa

Erislandy Lara alcanzó el límite de su pelea ante Gausha; pero porque se lo tomó como otro día en la oficina y dió la sensación de tener una cita justo a la hora en la que estaba previsto el fin de la velada en el Barclays Center de Brooklyn. El combate más incierto a priori, el que encerraba en el ensogado a los invictos Jermell Charlo y Erickson Lubin, fue el que concluyó antes y de manera más fulminante: dos amagos de recto de izquierda agacharon a Lubin, que recibió en el mentón una derecha en gancho de las que suelen llegar al plexo solar, y se fue a la luna. Abrumadoramente a los puntos retuvieron sus cinturones Leonela Yudica y Hanna Gabriels.

No hubo sorpresas, salvo que se califique como tal que un invicto noquee a otro. Las sorpresas resultan cada vez más improbables en el boxeo profesional cuando de cinturones se trata. Las sorpresas cada son son más sorpresas cuando se miden un campeón mundial y oponente.

Se trata más bien de misiones casi imposibles.

Veremos qué sucede en el próximo super fin de semana. Pero contra la opinión de organismos, managers y los propios campeones, son las sorpresas las que alimentan la leyenda.