Si usted quiere comprar boletos para la pelea entre Guillermo Rigondeaux y Vasyl Lomachenko va a perder su tiempo miserablemente. El Teatro del Madison Square Garden ya agotó su capacidad dos meses antes de que se tire el primer golpe entre los dos bicampeones olímpicos.

La noticia no puede ser mejor para los promotores de esta velada del 9 de diciembre en Nueva York que será transmitida a todo el mundo por las múltiples plataformas de la cadena ESPN, convertida ahora en una pieza clave en la difusión del boxeo.

“Esta pelea posee los boletos más calientes en el mercado secundario, junto a los del éxito de Broadway protagonizado por Bette Midler, Hello Dolly”, comentó el fundador de Top Rank, Bob Arum. “La pelea de Lomachenko vs. Rigondeaux es una cita obligada para el boxeo, que enfrenta a dos de los mejores campeones olímpicos”.

Concertada en las 130 libras, un peso afín a Lomachenko (9-1, 7 KO), la cita en Nueva York evoca el momento más grande de Rigondeaux, cuando venciera al filipino Nonito Donaire con una excelsa demostración de técnica.

Cuando se comenzó a hablar de este posible choque, muchos creyeron que sería imposible por la existencia de varios obstáculos, uno de ellos el propio Arum, ex promotor de Rigondeaux y actualmente con su empresa guiando la carrera de Lomachenko.

Evidentemente, Arum ha cedido a la presión de los aficionados en redes sociales y del propio Lomachenko, a quien le atrae la posibilidad de vencer a alguien que, como él, posee dos títulos olímpicos.

“Nunca antes en la historia del boxeo vimos a dos boxeadores, cada uno ganador de dos medallas olímpicas, enfrentarse en un combate profesional”, agregó Arum. “La pelea es un regalo para los fanáticos”.

Si en principio había alguna reticencia con la diferencia de libras, Rigondeaux estuvo luego listo para aceptar la pelea sin condiciones y como muchísima mejor opción que una revancha contra Moisés Flores, luego de una primera entrega finalizada en un no-contest.

Si a Rigondeaux le ha afectado enormemente la poca actividad y la calidad de los rivales en los últimos tiempos, a Lomachenko tampoco le ha servido de mucho un par de victorias recientes contra Jason Sosa y Miguel Marriaga.

El ucraniano ha enfrentado un creciente estado crítico que le exige oponentes de mayor calado para medir de una manera más correcta sus innegables atributos boxísticos y su creencia de pertenecer a los mejores libra por libra del momento.

“Han sido largas conversaciones para llegar a este acuerdo, pero estamos cumpliendo con el pedido de Rigo y de los fanáticos”, explicó Alex Bornote, consejero del campeón de Santiago de Cuba. “Esta pelea encierra una importancia capital para ambos. Nunca antes habíamos visto un choque donde estuvieran dos campeones con cuatro títulos olímpicos”.

Si Rigondeaux es considerado un prodigio defensivo y un artista del contragolpe, Lomachenko posee una inteligencia pugilística y un nivel de improvisación que envuelve este combate en un tejido muy interesante y enigmático.

“Les estamos dando a los fanáticos lo que pedían”, afirmó a su vez Lomachenko, rey de los olímpicos de Beijing 2008 y Londres 2012, quien afirmó sentirse honrado de esta cita en su cuenta de twitter. “Hagamos esto”.

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