Jorge Linares logró mantener el título de la Asociación Mundial de Boxeo de las 135 libras tras conseguir una victoria por decisión dividida ante el británico y ex campeón olímpico Luke Campbell.

Como se esperaba, el campeón tuvo más trabajo del esperado y el combate se le complicó al punto que una caída sufrida por el británico en el segundo asalto fue, a la postre, la que le otorgó la exigua ventaja que le permitió el triunfo dividido en las tarjetas.

El combate fue como lo imaginamos en la previa, un auténtico choque de estilos y una verdadera guerra de estrategias entre dos entrenadores cubanos (Ismael Salas y Jorge Rubio) de alta escuela boxística. Se puede decir en ese aspecto y visto el desarrollo del combate, que Linares venció a Campbell en el ring, pero Rubio superó a Salas en las esquinas y eso es parte de la historia de una batalla entretenida y digna de un título mundial.

Nervios iniciales y caída de Campbell
Al recapitular el combate y con el resultado visto, la primera conclusión es que el venezolano ganó gracias a lo ocurrido en los dos primeros episodios. Por un lado, Campbell demoró en entrar en ritmo y en el mero segundo asalto, ese desajuste le impidió bloquear una entrada frontal, básica, de Linares que lo atropelló lanzando golpes. Dos fallaron, pero el tercero lo conecto en la barbilla y lo mandó a la lona.

Parecía que luego de la autoridad y confianza demostrada por Linares, el ex campeón olímpico sería pan comido. Se cumpliría –pensamos en ese momento– la profecía de Ismael Salas en el sentido de que Campbell no representaba un riesgo y quedaría en el tintero la afirmación que me hizo Rubio antes del combate, “le conocían un lado débil a Linares”.

En ese tercer episodio, comenzó la verdadera guerra de estrategias.

No es fácil luego de una caída temprana recuperar a un pupilo (Campbell) y parecería fácil encontrar el puntillazo adecuado al plan de pelea para que el rival (Linares) liquide el combate. Desde ese tercer asalto, Campbell superó la flojera escénica, ajustó la distancia y se enfocó en lo practicado en el campamento de esta pelea: controlar la distancia con el jab de derecha, sorprender transformando ese jab en un golpe por afuera, tanto arriba como a la zona media, y enviando en secuencia la izquierda larga en forma de gancho. Al mismo tiempo, el británico realizó de manera correcta el giro hacia la mano izquierda de Linares para complicarle su golpeo.

El venezolano apostó todas sus fichas al boxeo de velocidad, las combinaciones rápidas entrando y, por momentos demasiado esporádicamente, iba colocando golpes a la zona media cuando Campbell se lo permitía.

Linares en ningún momento quiso arriesgar en demasía, seguramente para evitar llevarse un susto de contragolpe. En su memoria boxística debe guardar recuerdos nada gratos de sus derrotas por la vía rápida y el británico le mostró que tenía mano dura como para darle un susto, pero hubo otro problema que padeció Linares, la guardia zurda de Campbell.

Guardia zurda y distancia, los problemas de Linares
Cuando se enfrentan dos rivales de guardia cambiada (derecho contra zurdo) suelen enredarse las piernas, a veces hay cabezazos y, en general, quien saca mejor ventaja de esa situación, a la larga se ve favorecido para ganar la pelea.

Nada de eso ocurrió esta vez y ello se debió a los miedos del venezolano. Siempre trabajó un paso detrás de la distancia correcta para mejorar el recorrido de sus golpes y evitó perder el equilibrio con un eventual cruce de extremidades. El precio que pagó, no obstante, fue que nunca se encontró a una distancia adecuada para resolver el pleito mediante más de una secuencia de golpes de poder.

El boxeo de Linares fue explosivo y efectivo, pero de menos golpes y de menor volumen al esperado. Por el contrario, pese a estar de manera permanente en la ofensiva, le otorgó demasiado tiempo a Campbell para trabajar su jab de varias maneras o le llegara con los gachos largos de izquierda y hasta lo detuviera más de una vez con un poderoso gancho de derecha a las costillas del venezolano.

Fue en ese aspecto donde también se vio la mano de Jorge Rubio. Linares adoptó una postura sesgada para contrarrestar la guardia zurda de Campbell, quien, a su vez, también sesgó el cuerpo y en más de una ocasión ello le facilitó ese gancho a las costillas y el giro de mano izquierda, aprovechando su mejor extensión.

Al final, Campbell superó a Jorge Linares en golpes lanzados (524-414), más allá que en los porcentajes de efectividad estuvieron parejos.

Justicia en la definición
Las tarjetas de los jueces fueron de 115-113 para Campbell, 114-113 y 114-112 para Linares. El promedio se ajusta al trámite del combate que, en general, terminó con asaltos cerrados o difíciles de definir hacia uno u otro lado.

De todas maneras hay razones para darle una lectura que favorece al campeón venezolano y en definitiva hace justa su victoria.

En primer lugar se cumple esta vez la regla de que siempre el retador debe hacer algo más para destronar a un monarca. Campbell hizo las cosas bien, pero le faltó una cuota mayor de empuje al final del combate para convencer a los jueces en los asaltos de campeonato.

El europeo mantuvo su estrategia hasta el final. Ella fue acertada, le dio resultado, pero al igual que en peleas anteriores, como en su última salida al ring contra el colombiano Darley Pérez, Campbell debió arriesgar y salir al todo o nada. Precisamente eso fue lo que le pidió su entrenador para el último asalto, pero ocurrió lo contrario: Linares fue quien impuso su actitud, los mejores golpes y se llevó un asalto decisivo.

Asimismo, la caída en el segundo episodio del combate fue trascendental y marcó el rumbo del resultado. Un factor decisivo para condicionar la mirada de los jueces es una caída en una pelea cerrada.

Es el campeón quien manda a su rival a la lona, es el campeón quien desde ese momento trasmite confianza con su boxeo y es esa imagen que muchas veces juega a su favor cuando los jueces deben decidirse por uno o por otro cuando los asaltos son difíciles de evaluar por la paridad del boxeo mostrado por ambos púgiles.

La victoria de Linares lo consolida y por sobre todas las cosas –pese a su experiencia— le enseñó que siempre hay un rival que le opondrá cosas nuevas y difíciles de resolver como lo hizo Campbell. Al mismo tiempo, le permite salvar su primera gran presentación en Estados Unidos y lo coloca en un escenario apropiado para ir contra grandes rivales, seguramente Mikey García, algo sobre lo cual se hablará mucho en los próximos días.

En el caso de Campbell, su presentación fue excelente, se notó mucho el cambio positivo de su boxeo a partir del trabajo del cubano Jorge Rubio dirigiendo su esquina y no hay dudas que muy pronto será campeón del mundo, al tiempo que le seguirán apareciendo buenas oportunidades.

El boxeo del británico es de acción y llena los ojos del fanático, principal requisito para triunfar en el boxeo comercial.