Un nulo ganador

La decisión de los jueces sobre el Canelo vs Golovkin fue tan buena como el combate mismo

Por Jorge Caporal

Si sobre el ya casi olvidado Mayweather vs McGregor opinábamos que todo el mundo perdía salvo los bancos de ambos peleadores, ocurre justamente al contrario con el canelo vs Golovkin. Y casi más tras el nulo decretado por los jueces.

En el anterior combate del siglo perdía Mayweather porque su victoria profesional número 50 es frente a un debutante. Perdía McGregor porque se evidenció que nada tenía que hacer en una disciplina que no es la suya. Perdió el boxeo porque se embrolló el nombre del noble arte como excusa en algo que era espectáculo puro y duro. Y perdió el deporte porque las actos promociones fueron un compendio de faltas de respeto mutuas, groserías, exhibicionismo plagado de tics machistas y de adoración al dinero como única medida del éxito. Valores todos ellos incompatibles con el deporte. Y muy especialmente con el pugilismo.

Por contra, el Canelo vs Golovkin encerró en un cuadrilátero a dos enormes peleadores que ofrecieron un gran espectáculo que fue consecuencia de su boxeo. Hubo en doce rounds un auténtico muestrario de recursos estratégicos, tácticos, técnicos, físicos y psicológicos que encandilaron al público y a las cámaras. Pero el noble arte fue el causante del espectáculo y no un medio o una excusa para el show. La espectacularidad derivó del boxeo. El show, enorme, fue secundario. Primó el boxeo.

Por una lado se presentaba un campeón sólido, maduro, invicto; un noqueador terrible. Por otro, el heredero de la corona de Mayweather como gran estrella mediática; un contragolpeador que está alcanzando su zenit pugilístico.

Batalla pareja en cada round

Se podrá argüir que Golovkin se encuentra a punto de empezar a gestionar su decadencia. Se podrá objetar que Canelo es un wélter subido de peso en busca de las grandes bolsas. Lo cierto es que GGG planteó el combate que se espera de él: acoso continúa desde el centro el ring y golpes rectos y curvos a discrección de campana a campana. Saúl Álvarez presentó una versión mejorada: muy dinámico, con recursos defensivos de afroamericano, enormes reflejos y ricas andanadas a la contra. Canelo no se plantó en contadas ocasiones a intercambiar cuero con Golovkin; ningún wélter en su sano juicio lo haría con un peso medio natural. Pero el tapatío lanzó abundantes manos; y precisas.

Fue una batalla pareja en cada round. ¿Cuántos aficionados y aficionadas se pondrían de acuerdo en cuántos y qué asaltos ganó cada uno de los dos boxeadores? Se podría coincidir en el número de rounds, quizá, pero incluso en ese caso habría discrepancias en qué asaltos en concreto se contabilizan. He hecho la prueba, y sucede. Otra cosa es la cartulina de la dichosa juez cuyo nombre genera sonrisas en todos los centros de debate boxístico.

El nulo se antoja un resultado razonable. Un veredicto en el que ganan GGG, Canelo, la afición y, sobre todo, el boxeo. El último asalto fue para conservar en un museo.

Habrá segundo combate. Y, seguramente, más.