La pelea no había sido confirmada al momento de escribir esta columna ni tampoco había noticias sobre la misma en la página oficial de Top Rank, pero, para todos en diciembre habrá pelea: Vasyl Lomachenko vs. Guillermo Rigondeaux. El rumor entre los fanáticos de que sí se hace, ha sonado tanto como la canción “Despacito”. Lo que en principio era casi imposible vaticinar, parece que ocurrirá y hasta tiene una fecha marcada en el calendario: el 9 de diciembre.

El “trending topic”, los mensajes en las redes sociales desde los dos equipos, los anuncios que la dan confirmada o los que la dan casi confirmada, nos obligan a buscar las primeras pistas en el camino hacia nuestro análisis definitivo de la pelea. Son las cinco claves del ¿Qué pasa?

EL PASADO AMATEUR

Hasta los cambios recientes, el boxeo amateur tuvo reglas estrictas que lo mantuvieron en las antípodas del boxeo profesional. Pocos asaltos, muchos golpes pero muy pocos de KOs, uso de casco protector, el puntaje como regla de definición y peleas que terminaban bajo una percepción matemática que es imposible saber si respetaba los verdaderos merecimientos de cada rival. O sea, la velocidad y la capacidad de colocar más golpes que el oponente favorecieron a los púgiles con esa virtud.

Lomachenko prevaleció basado en su esgrima de ballet y dentro de su rapidez de piernas, impuso una predisposición ofensiva que le facilitó las victorias. Su récord, se dice que llega a la increíble marca de 396 victorias con, apenas, una derrota.

El de Rigondeaux no llega al del ucraniano, pero también es un número impresionante: 247 victorias y solo 4 derrotas. El cubano en el pugilismo amateur fue un elusivo defensivo, rápido de piernas, inteligente para esquivar y aprovechar los errores del rival para colocar sus golpes y sumar puntos basado en esa capacidad. La inteligencia boxística, la matemática y la velocidad, al fin y al cabo, les permitieron a ambos sus grandes victorias, sus campeonatos mundiales, sus medallas olímpicas y les crearon el record que les hizo aterrizar ya consagrados en el boxeo profesional.

No obstante, la apreciación de esos méritos divide a los fanáticos entre incondicionales y escépticos. Los primeros atesoran ese pasado gran pasado amateur como una carta blanca para considerarlos a los dos (Lomachenko y Rigondeaux) unos verdaderos fuera de serie. A los escépticos, por su parte, les anima un sentimiento diferente, donde predomina la duda. Son aquellos a los cuales el boxeo amateur, el del casco protector y las peleas de tres asaltos definidas mediante sumas electrónicas según la cantidad de golpes conectados, o les provoca rechazo o a lo sumo les resulta indiferente. Son los que jamás en su vida vieron al cubano o al ucraniano pelear en un torneo olímpico o un mundial de la categoría y simplemente rechazan que se tenga en cuenta cualquier mérito amateur a la hora de medir sus condiciones profesionales.

No es momento de justificar a unos o a otros, pero si es necesario tener en cuenta esa dicotomía a la hora de evaluar a Rigondeaux y Lomachenko. Por ello ese detalle es una clave que solo el fanático puede decidir. ¿Nos mentimos o somos justos, si sumamos sus brillantes carreras como amateurs, a la hora de evaluar y valorar sus carreras como profesionales?

 

 

EL RECORD PROFESIONAL Y SUS RIVALES

Si el buen record se mide por cantidad de peleas, la calidad de la oposición enfrentada y la capacidad para superarlo, los méritos “pierden mérito”. Bajo el imperio de los números, la estadística es muy pobre en el caso de Lomachenko y un poco menos pobre en el caso de Rigondeaux. El ucraniano es 9-1 con 7 KOs y el cubano 17-0 con 11 KOs. ¿Esto es bueno o esto es malo? Ni una cosa ni la otra, apenas coloca dudas razonables, en ambos, sobre su verdadero potencial.

Basta remitirse al valor de su oposición para incrementar las dudas. Rigondeaux tuvo una sola pelea cumbre y donde se vio en total plenitud su boxeo, fue contra Nonito Donaire al que literalmente llevo a la escuela. Con el resto fue poco y nada. Ante nombres de respeto como el del ghanés Joseph Agbeko nos dormimos esperando que se decidieran a pelear o contra Rico Ramos, por ejemplo, que resultó un oponente patético en su accionar, hasta que terminó noqueado. Se puede sumar su imposición por la vía de los puntos sobre Roberto Marroquín o su sufrida victoria sobre el japonés Hisashi Amagasa y paremos de contar, el resto fueron oposición de segundo nivel y en peleas para el olvido.

Lomachenko tiene una historia parecida en sus diez peleas. Cayó ante Orlando Salido, venció por decisión mayoritaria a Gary Russell Jr., noqueó a Román Martínez, venció por retiro a Nicholas Walters y también paremos de contar.

Por diferentes razones ni con uno ni con el otro es posible llegar a conclusiones contundentes. Le faltaron peleas para evaluarlos a cabalidad y por sobre todas las cosas, faltó sumar oposición de respeto. La conclusión es que a partir de las peleas realizadas y los rivales enfrentados, no hay mayores diferencias con esta clave.

LAS DIFERENCIAS FISICAS

En el aspecto físico, deberíamos preguntarnos si en una posible pelea entre ambos, el tamaño y el peso hacen realmente diferencia. Si así fuera, no hay dudas que casi todas las ventajas son para el ucraniano. Lomachenko es casi un peso ligero (135 libras), mientras que hay dudas consistentes de que Rigondeaux pueda abandonar sus 122 libras y pasar – siquiera – las 126 de los pesos plumas.

No hay problemas con la guardia, los dos son zurdos, aunque hay ventajas divididas en altura y distancia. Vasyl Lomachenko es más alto (5′ 6″ a 5′ 4″), pero Rigondeaux tiene mayor extensión de brazos (68″ a 65 ½)

Lomachenko será más pesado a la hora del combate, pero Rigondeaux — aun subiendo de peso — se supone que mantendrá o aumentará el poder de su pegada. La única duda pasa por la velocidad del cubano. ¿Si logra aumentar de peso, sacrificará en parte su velocidad? Si así ocurriera, se podría ver mermada su capacidad de escabullirse y la rapidez que le imprime a sus respuestas para sorprender de contragolpe. Esta clave está marcada por un dudoso equilibrio.

 

 

LAS RAZONES DE LA PELEA

Más allá de que esta pelea se haga o no se haga, es difícil explicarse las razones que ha tenido Top Rank para considerar a Guillermo Rigondeaux como un rival apropiado para Vasyl Lomachenko. Esas razones podrían responder a todas las especulaciones. Dificultad para encontrar en lo inmediato un buen rival disponible, problemas para negociar con otras promotoras, interés en no sacrificar su futuro o el de su rival en caso de que consideraran enfrentarlo a otro púgil del establo de Top Rank como Oscar Valdez por ejemplo o la certeza de que consideran imposible una victoria del cubano.

No olvidemos que Bob Arum fue en su momento el mayor crítico al estilo de Rigondeaux. Que haya cambiado de opinión, como lo hacen presumir sus declaraciones, es muy extraño.

Aunque, quizás, sí exista una explicación lógica y sencilla: las redes sociales. Ha sido tan intensa la presión de los fanáticos del cubano, que transformaron el rumor en una ola de reclamos que llegó al equipo de Lomachenko y de Top Rank. Se dieron por aludidos y la posibilidad remota, se volvió cercana, se hizo real gracias a la presión social. ¡Vaya! Si así fue, marcaría un hito en la historia de las redes sociales. Como sea, esta clave es imposible de calificar, solo Bob Arum tiene todas las respuestas.

¿QUE PELEA VEREMOS?

Esa es la pregunta del millón, pero hay pistas que podrían orientar las especulaciones hacia un vaticinio cercano. Los dos rivales proceden de la misma escuela amateur, los dos son rápidos, de alta inteligencia táctica y ambos son al extremo elusivos. La diferencia radica en el sentido de su esgrima: defensiva en Rigondeaux y ofensiva en Lomachenko.

Ya sabemos que el estilo del cubano requiere de la acción ofensiva del oponente para que sus herramientas funcionen. Esperar, utilizar su largo brazo para mantener distancia con el jab, esquivar, provocar el error, contragolpear, abrir su defensa con la astucia de sus movimientos y tomarlo a contrapié, o fuera de balance o sin una defensa adecuada para lastimar y eventualmente noquear. Al cubano es difícil encontrarlo y entrar a buscarlo supone casi un suicidio debido a su velocidad de respuesta o la rapidez para cambiar de posición en espacios pequeños. Por ello, rivales como Joseph Agbeko o Drian Francisco jamás entraron, con su inacción congelaron el desempeño del cubano y bajo abucheos lograron recorrer toda la distancia en sus peleas. Es el talón de Aquiles de Rigondeaux: si no lo atacan, no hay pelea.

Lomachenko es diferente. Sus desplazamientos son largos, recurre de manera permanente a los laterales, a la velocidad para colocar combinaciones cuando entra en velocidad y al doble jab entrando, previo al remate con su mano atrasada. El trabajo desde los ángulos o su alto volumen de golpeo le permiten abrumar a sus rivales. Pero su pegada no parece tener la contundencia apropiada para terminar alguna pelea con un solo golpe. Ese parece ser su talón de Aquiles: le falta pegada.

A partir de esos antecedentes, en una pelea entre Lomachenko y Rigondeaux abundaría el componente táctico. Rigondeaux buscando mantenerlo a distancia, retrocediendo, esquivando y jugándose al error ofensivo del rival para tomarlo entrando como primera premisa.

Lomachenko, también se jugaría al error, pero, en su caso, al error defensivo del cubano. Amagar por un lado y entrar por el otro, cuerpear su jab, recurrir a su velocidad para golpear desde laterales y pasearlo por el ring para sacarlo de su zona de confort defensivo. Ese sería el plan.

Un escenario como el descripto luce atractivo, pero no se entusiasmen. Ambos se respetan y ello determinará que sean al extremo cautelosos en su accionar. Dos rivales de tanta velocidad mental, tan tácticos, tan elusivos, tan veloces y con tanta capacidad de leer correctamente el plan del adversario, necesariamente transformarían su pelea en una partida de ajedrez boxístico. Y ya todos saben, no hay nada más aburrido que una buena partida de ajedrez.

“Posible pelea aburrida”, es mi primera, aunque no definitiva percepción y en los hechos, son las tres palabras que definen la clave. Pero no se preocupen, hasta diciembre habrá tiempo suficiente para discutir e imaginar todos los escenarios de la posible batalla. Aunque primero habrá que esperar que sea confirmada, algo que al escribir este último párrafo, aún no había sucedido y solo persiste ese… ¿Qué pasa?