El 9 de diciembre del 2017 puede definir el legado de Guillermo Rigondeaux de la misma forma en que el 13 de abril del 2013 ha sostenido su carrera contra viento y marea. Un triunfo sobre Vasyl Lomachenko blindará su camino, como el triunfo contra Nonito Donaire le ha permitido sortear críticas y controversias.

Todavía no se puede cantar victoria. Hasta que las firmas de ambos guerreros no estén en el contrato, es preferible esperar con optimismo contenido para anunciar con bombos y platillos una pelea que todos esperan con ansiedad.

Pero el jerarca de Top Rank, Bob Arum, y el jefe de boxeo de Roc Nation, Dino Duva, han revelado que están muy cercanos para cerrar el pacto que pondrá a los bicampeones olímpicos en el mismo cuadrilátero del Madison Square Garden. Este es el mejor combate de dos púgiles que brillaron en los amateurs y en los profesionales.
Rigondeaux no va a encontrar otra oportunidad para cimentar su reputación. Eso que conocen y admiran los expertos de su talento y maestría como una capilla cerrada pudiera ser revelado a los que no han prestado atención y repiten como bocinas lo del “aburrimiento”. El mismo Arum lo dijo claro: “El no va a ser aburrido con Lomachenko. Lomachenko no lo dejará ser aburrido”.

 

Finalmente, Arum dijo algo obvio y que no siempre reconoció: “Rigondeaux es un gran boxeador”. Quizá al empresario de 85 años, ya se le pasó la molestia de ver cómo Donaire era reducido y humillado horas después de haber recibido el premio de Mejor Boxeador del 2012 en Nueva York.

Habría que recordar lo que era el filipino antes de su choque contra el cubano. Un prodigio, un súper dotado. No por gusto le decían el “Flash” por su rapidez de piernas y manos. La pregunta por entonces no era si iba a ganar o no, sino en que round Rigondeaux mordería el polvo del nocaut. Lo que sucedió ya es historia.

Después de Manny Pacquiao, Donaire era la gran cascada de dinero de Top Rank, que de pronto se cerraba de la peor manera posible. El asiático no pudo levantarse después de aquella noche.

Pero tampoco se puede decir que las cosas mejoraron de manera significativa para Rigondeaux, quien jamás se elevó de la misma manera debido a inactividades y rivales de poca monta que a veces deslucían las peleas. También habría que decirlo, su solo nombre espantaba potenciales oponentes.

Víctima -ahí están las declaraciones de Arum y el papá de Leo Santa Cruz- de burlas, errores e incomprensiones, y hasta algo de mala suerte, la carrera de Rigondeaux no alcanzó otra cota similar, casi en estado vegetativo. Se mantuvo en pie gracias al recuerdo del gran triunfo sobre Donaire, a su mejor versión. Era como un haz de luz en la oscuridad.