Boxeadores cubanos, tomen el ejemplo de Guillermo Rigondeaux (17-0, 11 KO, 1 NC) en redes sociales. Después de pasar meses picando como una avispa en el orgullo de Vasyl Lomachenko, el campeón cubano del peso súper gallo está cerca de subir a un ring contra el rey de las 130 libras.

Tanta ha sido la insistencia -un bombardeo constante- de Rigondeaux y su equipo en su afán de llamar la atención del ucraniano, que a Lomachenko (9-1, 7 KO) no le ha quedado otro remedio que escuchar y responder al reto, y de paso a su promotor Bob Arum.

El jerarca de Top Rank, empresa que promociona al doble titular de la Organización Mundial, afirmó en entrevista al diario Los Angeles Times que el próximo rival de Lomachenko el 9 de diciembre estaría entre el prodigioso cubano y el aguerrido mexicano Orlando Salido.

Sin finalmente Rigondeaux es el elegido la pelea tendría lugar en el Teatro del Madison Square Garden de Nueva York, pero si el dedo apunta a la revancha contra salido entonces se buscaría alguna arena en Los Angeles.

Salido es el autor de la única derrota profesional del doble campeón olímpico de Ucrania, pero de acuerdo con reportes no se siente atraído por la bolsa de $750,000 que -en par de ocasiones este 2017- le ofrecieron para verse por segunda vez contra el europeo.

Rigondeaux, por su parte, estaría dispuesto a aceptar de inmediato, pues la posibilidad de un segundo encuentro contra Moisés Flores parece no interesarle a nadie, ni a la televisión, ni a los fanáticos, tras una primera entrega que terminó en no contest.

Si a Rigondeaux le ha afectado enormemente la poca actividad y la calidad de los rivales en los últimos tiempos, a Lomachenko tampoco le ha servido de mucho un par de victorias recientes contra Jason Sosa y Miguel Marriaga.

El ucraniano ha enfrentado un creciente estado crítico que le exige oponentes de mayor calado para medir de una manera más correcta sus innegables atributos boxísticos y su creencia de pertenecer a los mejores libra por libra del momento.

Criticado dentro de algunos sectores de aficionados, Rigondeaux es respetado por sus colegas de profesión, al punto que algunos lo consideran un artista como Andre Ward y hasta Connor McGregor -en ruta hacia su cita contra Floyd Maywheater- lo prefirió por delante de Lomachenko.

Si el titular de la Asociación Mundial y su equipo logran convencer al controversial Arum, habrían dado un paso enorme para cimentar el prestigio del cubano, que no vive otro momento cumbre desde su triunfo sobre Nonito Donaire.

Y si finalmente se ven las caras el 9 de diciembre, habría que darle un premio a Rigondeaux por la manera en que se ha conducido en redes sociales, o al que lo hace por él, que no es lo mismo pero es igual.

Así que, boxeadores cubanos, tomen nota.