La Comisión Atlética Estatal de Nevada (NSAC) aprobó al pedido conjunto de Floyd Mayweather y Conor McGregor para utilizar guantes más pequeños (ocho onzas) en su pelea del 26 de agosto. Que los dos rivales pidan algo en conjunto es hasta normal, lo anormal es que un organismo oficial lo apruebe violando sus propias reglas y abiertamente se transforme en cómplice de una burda maniobra comercial.

Este fiasco de batalla fue aprobada para celebrarse en 154 libras, por esta misma comisión, bajo las reglas del boxeo y esas reglas — las de la NSAC — establecen que por encima de las 147 libras (peso welter) deberán utilizarse guantes de 10onzas. Floyd y McGregor se enfrentan en una palea pactada en 154 libras. Lo que se escribe con la mano, en este caso, lo están borrando con los pies y para ello apelan a la necesidad de “adaptarse a la actualidad” como lo dijo Anthony Marnell, el presidente de la comisión.

 

La excepción o la violación a sus propios códigos, fue votada de forma unánime por los miembros de la comisión y establece a la credibilidad de una comisión atlética que – debido a la importancia de las peleas que anualmente se realizan bajo su jurisdicción – es la más importante de los Estados Unidos un duro golpe de imprevisibles consecuencias futuras.

Alrededor de Floyd Mayweather en el pasado ya hubo groseros favoritismos como la imposición de los árbitros de su conveniencia u otra imposición relacionada con el tipo de guantes a utilizar en una pelea. Es el caso de su primera pelea contra el argentino Marcos “Chino” Maidana el 3 de mayo de 2014. En principio, el argentino presentó un par de guantes Everlast, pero — ante reclamo de Mayweather — la comisión dictaminó que los mismos no eran válidos y no podrían ser utilizados por Maidana. La razón aludida por Floyd para exigir que fuera rechazado, fue que “faltaba relleno en los nudillos de los guantes”. Luego de realizar toda su preparación con un tipo de guantes, Maidana debió cambiar y utilizar los mismos guantes que su rival

La reacción de Everlast estuvo a cargo su presidente ejecutivo, Neil Morton, el cual defendió el proceso de fabricación de su empresa para los guantes de boxeo y aseguró creer que la disputa fue simplemente una búsqueda de ventaja psicológica por parte de Floyd Mayweather.

Cuando defendió su reclamo ante los medios, Mayweather llegó a marcar de manera enérgica su defensa del “deporte limpio”. ¿Cómo alguien pretende pelear con unos guantes sin relleno? preguntó Floyd. “Esto es deporte”. Pero lo que se afirma una vez, parece no ser importante para una segunda vez, sin duda, es la regla ética de Mayweather. En las Artes Marciales Mixtas, de donde procede su payacesco rival del 26 de agosto — Conor McGregor –, el tipo de guantes que se utilizan estimulan precisamente aquello que él dijo defender ante Maidana. En MMA se utilizan guantes de entre cuatro y seis onzas como máximo.

El pedido conjunto de utilizar guantes de ocho onzas, parece ser más un golpe publicitario que un elemento que pudiera colocar en riesgo la integridad de los dos rivales durante la pelea. No parece este combate un choque propicio para que se vean golpes brutales o intercambios salvajes casi a mano limpia pese al tamaño de los guantes. Por el contrario, las características de los dos rivales — uno demasiado elusivo y el otro sin tener siquiera un estilo boxístico — hacen imposible imaginar una batalla verdadera en el ring.

Incorporar ese pedido de guantes más pequeños cumple el mismo rol psicológico del pedido hecho por Floyd para cambiar los Everlast que iba a utilizar Marcos Maidana. En el 2014 lo hizo para perjudicar al rival, en esta oportunidad, en sociedad con McGregor, lo hacen para engañar al fanático.

¿Mala venta de boletos? ¿Bajo interés para la compra de la pelea en el sistema PPV? ¿Incidencia de toda la crítica que han recibido y la unanimidad de opiniones especializadas que catalogan la pelea como un fiasco de manera anticipada? Es evidente que existe alguna razón para que tanto Mayweather como McGregor hayan decidido subir el tono de la promoción e intenten convencer a los fanáticos de que será una pelea brutal y verdadera. Solo eso explica que Floyd haya accedido a utilizar guantes más pequeños que en la teoría deberían favorecer a su rival.

Ante un nuevo episodio de este culebrón, se puede especular con todo tipo de teorías para encontrar una razón, pero ello no es importante. A esta altura, no queda nadie que mantenga el inocente convencimiento que esto no es más que una grotesca parodia destinada a ganar mucho dinero. Lo importante en este lamentable accidente en la historia del boxeo, son sus consecuencias.

La Comisión de Nevada ha colocado su credibilidad por cuenta y riesgo de lo que suceda en este combate. Romper con sus propias reglas es un salto al vacío que mañana les puede pasar la cuenta en un lugar donde seguirán realizándose las principales batallas del boxeo de primer nivel. Me refiero a Las Vegas. Adaptarse una vez a la actualidad, los podría obligar en el futuro a “volver a adaptarse a alguna nueva actualidad”, bajo riesgo – en caso de negarse – de terminar decidiendo los términos de una próxima payasada en alguna corte de Nevada.

Se equivocaron cuando le otorgaron la licencia de boxeador a Conor McGregor, se equivocaron cuando autorizaron esta pelea y ahora se equivocan cuando violan sus propias reglas concediendo algo que les han negado a otros. ¿Qué debemos esperar en el futuro? Esta locura permite imaginar cualquier cosa. Hasta que si les va bien en la recaudación de Mayweather vs. Floyd, mañana empiecen a cruzarse desafíos locos. En ese peligroso escenario, no sería descabellado imaginar – por ejemplo – que McGregor acepte el desafío del futbolista Mario Balotelli y la Comisión de Nevada autorice por primera vez que un peleador de artes marciales mixtas y un jugador de fútbol profesional se enfrenten en un Casino de Las Vegas, bajo las reglas “adaptadas a esa actualidad” por parte de la NSAC. Como lo dice el título, después del fiasco del 26/8, es de esperar que sea oficializado cualquier disparate.