Juan Manuel Márquez, mucho más que dinamita.

 

Por Jorge Caporal.

A Juan Manuel Márquez la dinamita le ha durado hasta el filo de los 44 años. Hace poco confesó que las lesiones le han cortado la mecha. Adiós a un boxeador que llenó portadas por fulminar al entonces todopoderoso Manny Pacquiao en Las Vegas en diciembre de 2012. Lo logró en un peso que no era el suyo y sin título en juego. Fue en el  wélter. Márquez había sido ya campeón del mundo del pluma, superpluma, ligero y superligero. Y puede sacar brillo en su casa a máximos cinturones de la IBF, la WBA, la WBO y el WBC. Muy pocos en la larga historia del pugilismo pueden decir lo mismo.

Son 64 peleas. Las de la última década prácticamente todas al nivel más alto posible. Son 56 victorias, 40 por KO. Jamás perdió un combate antes del límite. Un peleador completo. Y con un arsenal completo que guardaba más que dinamita en su polvorín. Márquez, con el sempiterno zorro Nacho Beristain en su rincón, pisaba el cuadrilátero con el compás muy abierto y el hombro izquierdo muy bajo y adelantado. Siempre dispuesto al upper zurdo, siempre con el recto de derecha cargado. Capaz de mantener la distancia que más le interesaba con manos rectas y combinaciones, capaz de contragolpear como un relámpago, capaz de fajarse en la corta en un largo intercambio. Pero, sobre todo, capaz de analizar a su rival, escuchar y entender a su entrenador, y de esperar el momento adecuado. Podía aguardar la contra o perseguir a su rival por el perímetro de las cuerdas, en función de lo que le conviniera. Encontró muy pocos artificieros.

El mexicano, quizá el último azteca grande de verdad hasta la fecha a la espera de la evolución de ‘Canelo’ Álvarez, siempre ha sido garantía de buen boxeo y, en consecuencia, de espectáculo. Jamás rechazó un rival, los cocos Mayweather y Pacquiao incluidos. Y se ganó el respeto y la admiración de quienes aman este deporte. Lo deja a tiempo. Sin arrastrar lo que ya es leyenda.

Seguramente a su pesar, y a pesar de una trayectoria superlativa que se extiende a lo largo 21 años, Juan Manuel Marquéz estará presente por mucho tiempo en la memoria de millones de personas por algo que ejecutó en décimas de segundo. Un swing de derecha en el mentón de Manny Pacquiao que apagó automáticamente al ídolo filipino. Ni era su peso, ni había mundial en juego. Pero ese KO es uno de los mejores de la última década junto al que aplicó ‘Maravilla’ Martínez a Paul Williams. Una derecha y una izquierda con muchas similitudes.

“Dicen que fue casualidad. Pero teníamos ese golpe muy trabajado”, confesó Nacho Beristain semanas después. Y esa es otra de las características de Juan Manuel Márquez: el trabajo, el entrenamiento, la profesionalidad sin tacha. La dinamita no explota de manera   fortuita.