Cuando parecía que el desierto aguardaba tras las figuras de campeones de Kiko Martínez o Gabriel Campillo, aparece un nuevo horizonte con un puñado de candidatos a estrella mundial del boxeo

Por Jorge Caporal

Tras la singularidad del maño José Antonio López Bueno a finales de la década de los noventa, campeón del mundo mosca WBO y que tropezó una y otra vez con el EBU, encadenaron sus éxitos tres grandes figuras del boxeo español: Javier Castillejo, Gabriel Campillo y Kiko Martínez. Mérito especial tiene el mundial WBFI de la madrileña María Jesús Rosa, logrado en el aún complicadísimo contexto del pugilismo profesional femenino y que, sin duda, ha inspirado a aspirantes a sucesora como Joana Pastrana.

El de Parla ostenta con toda justicia el reconocimiento de ser el más grande. Varias veces campeón del mundo en dos pesos distintos, boxeador completo e ídolo de una generación, la figura de Castillejo iluminó, como un faro, el páramo de una disciplina deportiva, otrora de masas, pero sumida entonces en la depresión, el desencanto y la cuasi clandestinidad para el gran público.

El ‘Chico Guapo’ quizá sea el campeón más injustamente valorado. Sus proezas en los siempre duros pesos grandes – reservados para americanos, centroeuropeos, británicos o exsoviéticos salvo raras excepciones – no llegaron a obtener el eco merecido. El boxeo elegante, plástico y eficaz de Campillo se quedó en exquisitez para gourmets del noble arte. Algo incomprensible y que sólo resulta explicable por el aún escaso músculo social del pugilismo.

Kiko Martínez permanece en activo. Mantiene una viva una carrera que ha proporcionado grandes satisfacciones a nuestro deporte y a la que quizá le reste más gloria. Kiko la buscará con su estilo de ataque perpetuo, mano dura y ausencia de cuartel.

Hasta estos iconos de la gloria del ring, solo el viento del desierto entre las 16 cuerdas. Un desierto causado por varios factores que en otra ocasión analizaremos.

En su estela parecía que podrían cuajar nombres como Juli Giner, un gran campeón que trató de ganarse su oportunidad para pelear por un cinturón mundial ante Mikey Román y que, sin duda, volverá a intentarlo. El extraordinario Isaac Real es otro de los nombres. Quizá el noquerador navarro Rubén Díaz. Todos ellos se encuentran en plena madurez. Lo mismo que el algo más joven excampeón de Europa, Ferino V.

Pero el llamado a suceder a los cracks, mediada la veintena, era, según todos los indicios, el superligero Jonathan Alonso. Ejemplar y centenaria carrera amateur, buena proyección profesional y contrato en los Estados Unidos. Son muchos ingredientes a sumar a una enorme calidad física y una primorosa calidad técnica. Sin embargo, Alonso ha ralentizado su progresión. A fecha de hoy, lleva un año sin combatir en el país de las barras, estrellas y grandes bolsas.

A Alonso le ha adelantado como un rayo el campeón de España del superpluma. Con el Silver WBC en el punto de mira el próximo 29 de septiembre en Bilbao, Fernández, a sus 21 años, ha saltado al formato para prospectos de Showtime, en el que se consolida. Todo apunta a que está llamado a los grandes combates.

El número 5 de la WBA en la división del wélter, el fenómeno Lejarraga, de 25 años, con un apabullante récord de 23 victorias en los mismos combates y 19 KO, ya ha cruzado el charco por primera vez. Lo previsible es que dispute un título europeo en breve, cosa que ya podía haber hecho cuando fue nombrado coaspirante al EU, junto a Mohammed Mimoune, en la primavera de 2016, opción que declinó. Sin duda, se encuentra llamado a entrar en los anales de nuestro deporte.

El catalán Sandor Martín, con fecha y rival para el EBU a sus 23 primaveras, zurdo, inteligente y un primor técnico, puede dar el gran paso si le arrebata el “azul” al campeón del superligero, Yigit. A su edad, las urgencias no le apuran.

En mi opinión, el más próximo a tocar el olimpo con los nudillos es el superwélter cántabro Sergio García. Ganó el Silver WBC ante un primera serie europeo como Isaac Real. Apabulló a ‘Chaca’ en su cubil. Invicto en 24 peleas, a sus 25 años el pupilo de Víctor Iglesias es un valor seguro. Un portento físico, con experiencia acumulada y un ritmo de uno-dos que agota al oponente y al que ha sabido sumar buena defensa, desplazamientos y golpes curvos.

Nuestro boxeo no retornará al temido desierto a padecer un nuevo destierro. Aparecen oasis en el horizonte inmediato. Y se adivinan cargados de frutos.

¿Nos hemos olvidado de “Maravilla” Martínez? No. Merece varios posts. Y ya estamos en ello.